Λ Edición España Martes, 6 de octubre de 2026 Año I · Número 1 · logos.news

Logos

En el principio era la Palabra


Espiritualidad · Primer número · Carta de apertura

Fija tus ojos en Cristo: ¿por qué nace Logos?

Este periódico empieza con dos páginas escritas a mano: en la izquierda, un mensaje recibido una noche; en la derecha, la oración de la mañana siguiente, que es el primer paso. Hoy sale el primer número.

Dan Martínez Martínez · Madrid

Un cuaderno abierto sobre la mesa.
Un cuaderno abierto sobre la mesa. Las notas de las que nace este primer número, escritas a mano en un cuaderno. Fotografía: Logos

Este periódico nace de un cuaderno abierto por dos páginas. No son notas de un redactor. En la de la izquierda hay un mensaje; en la de la derecha, una oración. Entre las dos, una flecha que las une. Lo que sigue es el relato de esas dos páginas, porque de ahí sale todo lo demás.

Lo escribió de noche quien lo recibió, con la letra de quien apunta deprisa para no perder nada. Empieza con una súplica copiada del ladrón bueno: «Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino». Sigue con una petición: «Enséñame el camino», y un paréntesis que lo cambia todo: «pasos pequeños». Luego, una instrucción: orar y pedir a Dios, en el nombre de Jesús, por esos pasos, pequeños o grandes, «siempre que los deseos sean para adorar a Dios y para enseñarles el camino a los que te encuentres». Y una advertencia subrayada: evitar la vanidad, que es tentación y es del maligno. Termina con la frase más libre de las dos páginas: «Jesús me ha perdonado. No tengo nada que probar, y aún menos por vanidad».

A la mañana siguiente, la misma mano hizo lo que el mensaje decía: orar y pedir. Con un título subrayado, «Oraciones», y sin adornos. Pide una esposa, «la que Dios quiera», y que ella le ayude a adorar a Dios y a enseñar el camino a los demás. Pide quitar los malos hábitos que están destruyendo su cuerpo, porque el cuerpo es templo de Dios. Y reconoce lo que casi nadie escribe: «yo solo no puedo; yo solo puedo decir: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino».

Más abajo hay un recuadro con una pregunta dentro: «¿Cómo salgo de este bucle? ¿Sin sufrir? ¿Y también sin perder la vida eterna?». El bucle es este: quieres quitarte los malos hábitos y fallas; Dios te perdona; vuelves a fallar; Dios vuelve a perdonarte. Y así. Cualquiera que haya intentado cambiar algo de sí mismo lo conoce, y conoce también la trampa: creer que se sale de él apretando más, prometiendo mejor, haciendo lo mismo con más fuerza. No se sale así. Se sale cuando uno deja de fingir que puede y dice la verdad: «yo solo no puedo; estoy atrapado en este bucle, y lo único que me queda por decir es: acuérdate de mí cuando vengas en tu reino». Esa frase no es una rendición. Es el primer paso. Lo dice el recuadro un poco más abajo: «Es la fe. Dios te muestra el primer paso, y no desconfiar. ¿Y lo de después? Es como andar sobre el agua: fija tus ojos en Cristo».